Alrededor del mundo, aproximadamente 40 millones de personas viven con el VIH. Mientras que los avances en el tratamiento han transformado la infección de un diagnóstico fatal a una condición manejable, una cura ha permanecido esquiva. Las personas VIH positivas deben adherirse a un régimen de medicamentos antirretrovirales de por vida.
Sin embargo, en 2025, se anunció un gran avance, sugiriendo que una cura 'funcional' —donde el VIH se controla a largo plazo sin tratamiento continuo— podría estar al alcance. En dos ensayos separados que involucraban anticuerpos diseñados, algunas personas mantuvieron su salud sin antirretrovirales mucho después de que las intervenciones concluyeron.
Uno de estos ensayos, conocido como el ensayo FRESH, fue dirigido por el virólogo Thumbi Ndung'u de la Universidad de KwaZulu-Natal y el Instituto de Investigación en Salud de África en Sudáfrica. Cuatro de veinte participantes lograron niveles indetectables de VIH durante una mediana de 1.5 años sin medicamentos antirretrovirales. El segundo ensayo, el ensayo RIO, se realizó en el Reino Unido y Dinamarca bajo la dirección de Sarah Fidler, una autoridad en investigación del VIH en el Imperial College de Londres. En este estudio, seis de treinta y cuatro participantes lograron controlar el virus durante al menos dos años.
Estos ensayos innovadores demuestran el potencial de aprovechar el sistema inmunológico para combatir el VIH. Los investigadores ahora están planificando estudios más grandes para determinar si estos anticuerpos pueden optimizarse para una aplicación más amplia.
Fidler expresó optimismo, afirmando, 'Creo que este tratamiento tiene el potencial de cambiar significativamente el panorama ya que son medicamentos de acción prolongada', con efectos que continúan más allá de su presencia en el cuerpo. 'No nos hemos encontrado con algo así hasta ahora.'
Si bien los antirretrovirales permiten a quienes tienen el VIH vivir vidas saludables, su expectativa de vida a menudo sigue siendo menor que la de aquellos sin el virus. Además, la necesidad de medicación diaria o incluso de nuevas inyecciones bimestrales plantea desafíos financieros, prácticos y sociales, incluyendo estigma. 'La cuestión de cómo podemos mejorar el tratamiento ha sido un enfoque durante los últimos 15 a 20 años', señala Fidler.